Hay días en los que uno se levanta pensando que todo irá bien. Tenemos planes, pendientes, decisiones y quizá hasta una idea bastante clara de cómo debería terminar el día. Pero basta una llamada, una noticia inesperada, una discusión o algo que simplemente no salió como queríamos para que todo cambie.

Y es precisamente en esos momentos cuando descubrimos que mantener la fe no siempre significa sentirnos fuertes. Muchas veces significa continuar confiando en Dios aun cuando no entendemos lo que está sucediendo.

La fe no siempre cambia inmediatamente lo que está pasando. A veces primero cambia la manera en que enfrentamos lo que está pasando.

Cuando las cosas no salen como esperabas

Todos hemos vivido días así. Hiciste lo posible, organizaste tus cosas, oraste, trabajaste y aun así el resultado no fue el que esperabas.

Es entonces cuando pueden aparecer preguntas como:

  • ¿Por qué Dios permitió esto?
  • ¿Qué hice mal?
  • ¿Por qué las cosas parecen complicarse cuando intento hacerlas bien?
  • ¿De verdad Dios está escuchando?

Hacernos estas preguntas no significa que hayamos perdido la fe. Somos humanos. Hay momentos en los que necesitamos entender, llorar, detenernos o simplemente reconocer que algo nos duele.

La dificultad aparece cuando comenzamos a pensar que, porque algo salió mal, Dios dejó de estar presente.

Mantener la fe no significa tener todas las respuestas

Muchas veces queremos que Dios nos explique inmediatamente por qué una puerta se cerró, por qué una oración todavía no tiene respuesta o por qué aquello que parecía tan seguro terminó cambiando.

Pero la fe no consiste en comprenderlo todo.

La fe también es poder decir:

“Señor, no entiendo lo que está pasando, pero todavía quiero confiar en Ti.”

La Biblia nos recuerda:

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.”

Proverbios 3:5

Confiar en Dios no significa dejar de pensar, planificar o actuar. Significa reconocer que nuestra mirada es limitada y que no siempre podemos ver hacia dónde nos está llevando cada situación.

¿Cómo mantener la fe en un día difícil?

No siempre necesitas hacer algo extraordinario. A veces la fe se sostiene con pequeñas decisiones.

1. Detente antes de reaccionar

Cuando algo sale mal, nuestra primera reacción puede ser frustrarnos, preocuparnos o imaginar inmediatamente el peor escenario.

Antes de hacerlo, detente unos minutos.

Respira. Camina un poco. Aléjate del ruido si puedes.

No tienes que resolver toda tu vida en los próximos cinco minutos.

2. Habla con Dios como realmente te sientes

No necesitas utilizar palabras perfectas para orar.

Puedes decir:

“Dios, esto me preocupa. No sé qué hacer. No entiendo por qué pasó, pero necesito que me ayudes a pensar con claridad.”

También eso es oración.

Hay días en los que nuestra oración será extensa y otros en los que apenas podremos decir unas cuantas palabras. Dios también conoce esos silencios.

3. Separa lo que puedes controlar de lo que no puedes controlar

Una gran parte de nuestra ansiedad aparece cuando intentamos controlar situaciones que ya no dependen de nosotros.

Pregúntate:

  • ¿Hay algo concreto que pueda hacer hoy?
  • ¿Debo conversar con alguien?
  • ¿Puedo corregir alguna decisión?
  • ¿Necesito simplemente esperar?

Haz lo que esté en tus manos y aprende poco a poco a entregarle a Dios aquello que ya no puedes controlar.

4. Recuerda otras veces en las que pensaste que no podrías seguir

Mira por un momento hacia atrás.

Seguramente has atravesado temporadas que en su momento parecían enormes. Problemas familiares, preocupaciones económicas, momentos de incertidumbre, pérdidas o decisiones difíciles.

Quizá no saliste de ellas de la manera que imaginabas, pero aquí estás.

Recordar cómo Dios te sostuvo anteriormente puede ayudarte a recuperar perspectiva cuando el presente parece demasiado pesado.

5. No confundas un mal día con una mala vida

Esto es importante.

Cuando estamos cansados o preocupados podemos convertir un problema momentáneo en una conclusión permanente.

Algo salió mal hoy. Eso no significa que todo esté perdido.

Una puerta se cerró. Eso no significa que nunca aparecerá otra.

Una oración todavía no recibió la respuesta que esperas. Eso no significa que Dios haya dejado de escucharte.

La fe también se construye en lo cotidiano

A veces imaginamos que una persona de mucha fe nunca duda, nunca se preocupa y nunca tiene miedo.

Pero la fe real suele ser mucho más sencilla.

Es levantarte por la mañana aunque ayer fue difícil.

Es volver a intentarlo.

Es orar aunque todavía no tengas respuestas.

Es decidir no rendirte únicamente porque las cosas no salieron como esperabas.

Es seguir creyendo que Dios puede estar trabajando incluso en lugares donde todavía no puedes verlo.

Tal vez hoy no necesitas entender todo el camino.
Solo necesitas luz suficiente para dar el siguiente paso.

Una oración para cuando el día no sale bien

Señor, hoy las cosas no salieron como esperaba.

Hay situaciones que me preocupan y algunas que todavía no logro entender.

Ayúdame a no tomar decisiones desde el miedo ni permitir que un momento difícil me haga olvidar todo lo bueno que también has hecho en mi vida.

Dame serenidad para aceptar aquello que no puedo controlar, sabiduría para actuar donde sí puedo hacerlo y paciencia para esperar cuando todavía no es tiempo.

Aunque no pueda ver todo el camino, quiero seguir confiando en Ti.

Amén.

Antes de continuar con tu día

Quizá llegaste hasta aquí porque algo no está saliendo como esperabas.

No sé exactamente qué estás atravesando, pero sí puedo recordarte algo: un momento difícil no tiene que convertirse en el final de tu historia.

Haz hoy lo que puedas hacer. Lo demás puede esperar.

Y cuando sientas que tu fe es pequeña, recuerda que no necesitas una fe perfecta para acercarte a Dios.

Solo necesitas comenzar desde donde estás.


Preguntas frecuentes

¿Cómo puedo mantener la fe cuando tengo problemas?

Empieza reconociendo lo que estás sintiendo, ora con sinceridad y concéntrate en aquello que sí puedes hacer hoy. Mantener la fe no significa ignorar los problemas, sino enfrentarlos sin perder completamente la confianza en Dios.

¿Tener miedo significa que tengo poca fe?

No necesariamente. El miedo es una reacción humana. La fe aparece cuando, aun sintiendo temor, decides no permitir que ese miedo sea quien tome todas tus decisiones.

¿Qué puedo leer en la Biblia cuando las cosas salen mal?

Puedes comenzar con Proverbios 3:5-6, Isaías 41:10, Salmo 46, Salmo 121 y Filipenses 4:6-7. Son pasajes que hablan de confianza, esperanza y la presencia de Dios en momentos difíciles.

¿Necesitas seguir fortaleciendo tu fe?
Puedes encontrar más reflexiones en nuestros
Devocionales
y continuar descubriendo mensajes para vivir la fe cada día.

continue reading

Related Posts